5:00 am: suena la alarma y la cama se apodera de nuestros cuerpos rehusándose a abandonarlo, busco el celular entre sueños, trato de abrir un ojo para ver la hora y ... Sí, son las 5:00 am, meto la cabeza debajo de las mantas y se oye el lastimero "5 minutitos más por favor", como si esos 5 minutos fueran los decisivos, los que completarán los sueños, los que descansarán el cuerpo para poder empezar sin arrastrar la existencia y seguir enfrentando nuestros días en esta ciudad gris.
Vivimos en un cuarto pequeño que tiene un baño igual de pequeño, pero que es perfecto para nosotras (seres por debajo del 1.50), mientras ella sale, el aire frío de la mañana se cuela por la puerta y en segundo invade todo el ambiente sacudiendo todo a su paso, quiera o no tengo que levantarme, ya no podría dormir aunque quisiera, me visto con una chompa y un pantalón, sujeto mi cabello, voy al baño, me miro al espejo pequeño y pienso "¿Cuánto más?".
5:32 am: se hace tarde, tenemos que preparar el almuerzo y el desayuno, rascamos de la olla el arroz que quedó ayer para no dejar nada (siempre le digo a Ana que no podemos desperdiciar ni un granito, así me criaron, cada vez que la comida sobraba nos la teníamos que comer sí o sí porque de lo contrario algún ser inmortal y bipolar nos castigaría sin comida el algún momento).
Pico la cebolla y mientras cierro los ojos, Ana entra por la puerta trayendo las ollas, otra vez a cocinar, (es como un ritual que debemos respetar, porque sino nos toca comer en la calle y no podemos darnos esos lujos ni someter a nuestros estómagos a ese castigo) mientras tratamos de no arruinar lo que será el almuerzo y el desayuno, nos ponemos a conversar, ¿hasta cuándo será? ¿cuánto más tenemos que trabajar para poder darle a nuestras familias un poco de dinero y tratar de mitigar los gastos que nuestros hermanos traen, el colegio, los cuadernos, la pre, la ropa, la comida, la luz, el agua?
Mientras muevo la cebolla en el aderezo y hago círculos con la cuchara, recuerdo la noticia que ayer escuché, el gobierno no incrementará el sueldo mínimo, no puede porque según los "especialistas" constituiría un grave daño a la economía del país, mientra tanto seguiremos sorteando los altibajos del mercado hasta que 8, 9 o hasta 10 horas de trabajo no nos deje secos los anhelos ni nos haga viejos en el intento de salir de esta escasez.
Ana y yo somos uno de los tantos jóvenes que viven en esta ciudad con un sueldo básico, sueldo que apenas y alcanza para llegar al mes, esperamos las quincenas con ansias que en la comodidad de nuestros hogares en Ayacucho no pensábamos llegar a experimentar. ¿Cuánto más? A veces siento que los fuerzas ya no son suficientes, siento que esto es como un terreno de arena movediza, mientras más lucho por salir, más me hundo; me gustaría dejar el trabajo y buscar uno que me pague lo justo, lo que mi trabajo y lo poco que aprendí en la Universidad me enseñaron, sin embargo tengo miedo de no encontrar otro y se me acabe el dinero en el intento de encontrar un trabajo "justo". Una vez leyendo "Patas arriba: la escuela del mundo al revés" del gran y recientemente fallecido Eduardo Galeano, recuerdo una parte en la que escribió:
"Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir (…)"
Miedo, es eso, a perder lo seguro y retener el trabajo que tienes no porque quieras sino porque sin eso estarías en la nada, es por eso que hay hombres soportando horas interminables en trabajos que detestan pero que necesitan, porque una vez allá afuera estarán nuevamente como carroña revoloteando a la carne podrida.
A veces siento tanta rabia y veo que salir se hace casi imposible, siento que luchar no tiene sentido, donde tu currículum no vale si no tienes un amigo que te de el "empujoncito" o mencione que la Universidad de donde egresaste no tenga"prestigio" o no tengas "buena presencia".
¿Cuánto más tendré que trabajar para poder darle a mis padres la seguridad de que no se preocupen por mí porque no me faltará qué comer, para ayudar a mi hermano a estudiar la carrera que desea, para comprarle esa mochila con ruedas a mi mocoso de 7 años?¿cuánto más mi madre soportará los dolores en sus huesos por trabajar en una zona tan húmeda y ahorrar los soles para poder pagar los préstamos que se hacen interminables?¿cuánto más tendré que trabajar para comprar un colchón que amortigüe mi peso y no sienta las tablas de la cama?
Cada vez que suena la alarma y sigo el ritual de todas las mañanas, al tomar el carro y cruzar el puente hacia la otra calle, veo al horizonte y me siento triste por mi Perú, por la ciudad que me vio crecer, por el pueblito donde crecí, por el presidente en el que creí y por el que voté, triste por mí, odiando a las AFP y tratando de que el Banco donde guardo el poco dinero que poseo no me cobre cuotas de seguros que nunca llegaré a cobrar sino llego al "tope".
Por ahora me trago la rabia y sigo caminando, despertándome 5 minutitos después, rogando algún dios (debe ser un apu oculto en el humos que vomitan los carros) que nos ayude a no bajar la mirada, no ahora que empezamos a tejer el camino que hemos elegido recorrer.
"Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir (…)"
Miedo, es eso, a perder lo seguro y retener el trabajo que tienes no porque quieras sino porque sin eso estarías en la nada, es por eso que hay hombres soportando horas interminables en trabajos que detestan pero que necesitan, porque una vez allá afuera estarán nuevamente como carroña revoloteando a la carne podrida.
A veces siento tanta rabia y veo que salir se hace casi imposible, siento que luchar no tiene sentido, donde tu currículum no vale si no tienes un amigo que te de el "empujoncito" o mencione que la Universidad de donde egresaste no tenga"prestigio" o no tengas "buena presencia".
¿Cuánto más tendré que trabajar para poder darle a mis padres la seguridad de que no se preocupen por mí porque no me faltará qué comer, para ayudar a mi hermano a estudiar la carrera que desea, para comprarle esa mochila con ruedas a mi mocoso de 7 años?¿cuánto más mi madre soportará los dolores en sus huesos por trabajar en una zona tan húmeda y ahorrar los soles para poder pagar los préstamos que se hacen interminables?¿cuánto más tendré que trabajar para comprar un colchón que amortigüe mi peso y no sienta las tablas de la cama?
Cada vez que suena la alarma y sigo el ritual de todas las mañanas, al tomar el carro y cruzar el puente hacia la otra calle, veo al horizonte y me siento triste por mi Perú, por la ciudad que me vio crecer, por el pueblito donde crecí, por el presidente en el que creí y por el que voté, triste por mí, odiando a las AFP y tratando de que el Banco donde guardo el poco dinero que poseo no me cobre cuotas de seguros que nunca llegaré a cobrar sino llego al "tope".
Por ahora me trago la rabia y sigo caminando, despertándome 5 minutitos después, rogando algún dios (debe ser un apu oculto en el humos que vomitan los carros) que nos ayude a no bajar la mirada, no ahora que empezamos a tejer el camino que hemos elegido recorrer.


