Quiero tirarte, cogerte, hacerte el amor (disfrázalo como quieras), estrujarte en mis brazos, poseerte minutos, apropiarme de tus sentidos, golpearte a la cama, subirme en tus cimas, tenerte entre mis piernas, aprisionarte en mis adentros, arañarte la espalda, morderte los labios, librar una batalla en este ring de cuatro perillas, ser la rebelde, la sumisa, la tierna y la más salvaje de las amantes, deseo besar tus ojos, besar y besar tus pómulos, quiero dibujar las línea de tu mano con mis dedos, sentirme la pieza de tu rompecabeza, quiero que por esta noche tú y yo seamos los acróbatas del circo de nuestros cuerpos.
Rodemos por los suelos, las calles, bajo luces tenues, bajo este cielo gris en lugares inusitados, toma mi mano y por un momento tomémonos, recordemos las razones de lo cóncavo y convexo de nuestros cuerpos; invoquemos a Dios en este lecho, piso, pared, escritorio, silla, invoquemos su nombre en cualquier superficie en la que podamos apoyarnos, ven, ven y juguemos con nuestros sexos.
Esta noche, día, tarde, media mañana, media tarde, madrugada solo deseo sujetar tus brazos, acariciar tus cejas, tus manos, tu oreja, estremecerme, arrullar tu falo, que acaricies mis montes, adueñarme de ti por un momento, fundirme contigo, ser uno, en fin... ser un solo ser, y después de explorar el mapa de nuestros cuerpos, tú expulsas esa blanca ternura y yo me libero de esta cristalina obsesión.
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