miércoles, 22 de julio de 2015

No perfumes tanto la verdad

Amanecí en el trabajo frente al ordenador y no entiendo cómo sucedió, veo mis manos y siento las uñas más largas desde la última vez que me fijé en ellas, siento los párpados pesados, los ojos hinchados, las piernas rendidas y la espalda hecha mierda; me levanto, voy al baño y mi rostro, no es el mismo del viernes, luce distinto ¿qué ha pasado? ¿cómo he llegado hasta aquí? Tengo un aroma distinto, extraño, me siento... me siento cansada aquí, muy dentro en el alma.

Lo último que recuerdo es el viernes, Yuri me invitó una manzanilla (caliente, muy rica, alguna vez leí que la manzanilla alivia los males de corazón) nos burlábamos de lo tontos que pueden llegar a ser los profesores en el intento de "enseñar", hablábamos de Los Prisioneros, y lo "romántico" que resultan algunas de sus canciones, me invitó a la noche cultural y unas cervezas para celebrar "nada", le dije que no, tenía una asunto que arreglar fuera de la ciudad (¿fuera de la ciudad? ¿a dónde fui? ¿qué era eso que tenía que arreglar?) nos despedimos y le deseé suerte; mientras caminaba sentía ganas de vomitar, ganas de ir al baño, sensación que tengo solo cuando mis nervios están al límite. 

Metí la llave en el cerrojo de la puerta y al abrir encontré a Ana al frente de su laptop, la veía bonita, radiante, con esa sonrisa que tiene nombre, apellido y uno que otro crimen contra ella. No recuerdo lo que le dije, pero recuerdo la crema en mis axilas y lo doloroso que resulta desprenderse de porciones de tu cuerpo que aunque no sean físicas son símbolos de tus formas de pensar. Me tomó por la cintura y me dijo "estás gordita" y contesté, "son mis huesos los anchos" y reímos. Se despidió con un beso en el aire y salió disparada, emanando ese aire de nervios mezclada con esperanza, "una vez más la víctima vuelve a los brazos de sus asesino" pensé.

Mientras el agua recorría mi cuerpo, mientras mis manos acariciaban este templo, mi templo, mientras acariciaba mi monte, mis senos pequeños (Cada vez que reprendo a Ana me mata al decirme: "Mis senos son más grandes que los tuyos" y yo ya no puedo decirle nada porque es cierto, no uso brasier porque ellas al igual que yo buscan libertad, buscan sostenerse por sí solas, sentirse apretadas, sentirse prisioneras las vuelve locas y yo no quiero asfixiarlas). Recuerdo escuchar una canción mientras caía el agua entre mis piernas "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás existió", recuerdo un intento incipiente de masturbación a fuerza de las palabras y promesas en mi cabeza.

Tengo recuerdos como fotografías, caricias a mi cuerpo, mi ropa interior, mis pestañas, rozar mis labios con mis dedos, sentirme viva, eso recuerdo.

Apagué la luz, cerré la puerta del cuarto y ahí es cuando mis recuerdos se tornan confusos, supongo que después me quedé dormida, la semana estuvo pesada, casi no había dormido mucho y mis rutinas habían sido revueltas por sentimientos extraños, mis pupilas habían vuelto a brillar y no importaba mucho las horas de sueño porque mis insomnios eran un regalo para mi alma. 

Tengo sensaciones como recuerdos, el sol bañando mi rostro (creo que fue un sueño) el cielo ofreciendo cobijarme, un abrazo, un beso, lágrimas con un sabor extraño, una pregunta frecuente rondando mi cabeza, y un asesino "lo siento".

Subo las gradas, me veo con una sonrisa, el rostro con tonos en rojo en el espejo, uno puede mentirse así mismo, puede mentir a los demás pero nada sirve cuando no se sabe mentirle a la piel, y mi piel me gritaba tocar la tuya, me pedía rozar tu piel, pero ¿quién eres? Me veo siendo una niña, me veo viéndote pasar con las manos en los bolsillos desde detrás de un muro, hace 11 años; me veo y mi cuerpo no es el mismo hasta cierto punto, recuerdo ver tus labios delgados, tus manos, tu dedos, tus uñas que me dicen que tiendes a ponerte nervioso con facilidad.

Recuerdo la pared manchada con olores y sensaciones pasadas, veo garabatos con líneas inconexas, y regresan las palabras a resonar en mis oídos, tus promesas, tus oraciones vacías, tus disculpas sin razón.

Tu ombligo, no recuerdo haberlo tocado pero lo recuerdo y cómo me imagino haciéndolo, recuerdo tus besos de Judas, tu oreja, tu lóbulo delgado, tu cabello, tu frente, tus hombros, te recuerdo en mis sentidos, tus prisas y el intento de expulsar el calor que estaba atrapado en mí desde hace mucho.

Las sábanas, el piso, la puerta que se rehúsa a cerrar, mis miedos, tu verdad a medias, y el humo del cigarro que ingresa tosco en nuestras fosas.Yo no se tú, pero después de tu ataque de sinceridad, de estas imágenes me siento tan extraña en un lugar que creí conocer desde pequeña, mientras caminaba entre sus calles sentía estar en un laberinto, confundida, perdida; recuerdo un beso insípido en la mejilla, caminar con los ojos empañados por un parque cerca al lugar donde todo empezó y, naturalmente, donde ahora todo debía acabar.

Recuerdo el haberme derrumbado en los brazos de una hermana, recuerdo la manta suave en mi cuerpo cubriendo a la mujer pero consolado a la niña que una vez más ha sido herida y ahora totalmente desarmada. Quisiera recordar poco y al hacerlo me siento nada, es confuso recuerdo viernes y después lunes, dónde se fueron mis sábados? y mi domingo? A mi mente viene la imagen de la ciudad, luces muchas luces y una extraña sentada al lado, me voy, una vez más recogiendo los pedazos de este yo que te ofrecí y que ahora has hecho añicos.

Al despertar, tengo chocolates en la bolsa, ropa en mi mochila y no quiero preguntar cómo es que llegaron ahí. Acomodo mi silla, encorvo mi espalda y finjo escribir noticias que nadie más escucha, finjo que esto fue solo un sueño más, tengo mucha sed, voy a traer agua y nada, los días continúan nada se ha detenido y parece que todo no tiene sentido otra vez, espero salir de la resaca de este sueño, porque hoy me siento demasiado cansada para hacer mucho.

Creo que arriesgarlo todo solo para tomar tus manos fue una inversión que implicaba demasiados riesgos y sin embargo lo hice, y por un momento te quise y me sentí como te hacen sentir ciertas cosas que te elevan.

"Fuiste tan fugaz que no llegué a amarte como hubiera querido. Tú te perdiste un amor incondicional, y yo me salvé de otro suicidio" (Leuman)
                






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